El arca de San Jorge

Cuando San Jorge rompió el corazón del dragón a él también se le hizo una pequeña grieta en el suyo.
Con la esperanza de curarla decidió dedicar su tiempo ayudar a todos los animales que pudiera.
Por eso no era extraño encontrárselo señalizando un paso de hormigas o dando de comer a un nido de verdecillos en medio de una noche de lluvia.
Pero la herida no se le acababa de curar, ¿cuántos animales valía un dragón?.
Cuando llegó el diluvio universal pensó que era su oportunidad para secar la deuda.
Él se encargó de los animales más difíciles: los colibríes, los guepardos, los topos y las hormigas de cabeza roja.
De oficuits no pudo atrapar ni uno, eran demasiado rápidos, una pena porque eran guapísimos.
Cuando empezó a chispear y fue hora de subir al arca, ni San Jorge ni los dragones quisieron subir.
Por eso cuesta tanto hoy encontrar dragones y hombres justos.